Un amor apasionado: fuente de misión

Constitución 16

El celibato consagrado nos invita a desarrollar las riquezas de nuestro corazón. Expresa vida y amor; es don total de nosotros mismos a Dios y a los hombres, con toda nuestra capacidad afectiva y las energías vivas de nuestro ser. Nos permite acudir allí donde se ven las necesidades más urgentes, y dar juntos testimonio del amor que el Padre nos tiene y del amor que nosotros fielmente le profesamos.

Oración

Señor Jesús, te rezamos por todos los oblatos que entregan sus corazones, con sus pobrezas y sus deseos.
Purifica y ensancha sus afectos para que, en el celibato consagrado, puedan amarte con un corazón indiviso y poner todas sus energías al servicio del Evangelio.

Reza una decena del rosario por todos los oblatos de la Congregación.

Testimonio

El tema de las pasiones y los afectos es algo en lo que siempre me he sentido un poco “analfabeto”. En mis primeros años de ministerio tuve la gracia de hacer un curso para formadores en Salamanca, donde pude descubrir la gran energía y capacidad que atesoramos… que atesoro. Me di cuenta de que hasta entonces había sido bastante “ignorante”, como quien se enfrenta a un idioma nuevo. ¡Qué lejos estaba de responder a lo que esta Constitución nos pide! Y qué lejos de vivir la gracia del celibato consagrado, que nos invita a poner todas nuestras energías al servicio del Evangelio.

Hace cinco años —¡cómo pasa el tiempo!— tuve otra gran gracia: un curso de actualización teológica en Manresa. El jesuita que me acompañaba, un santo hombre ya fallecido, al escucharme hablar de mi oración y de mis luchas, me dijo: “¿No te parece todo eso un poco frío? ¿No echas en falta más pasión, más fuego?”. Y sí, faltaba entonces y, tristemente, también ahora.

En un discípulo de san Eugenio, apasionado de Jesucristo e incondicional de la Iglesia, el amor apasionado, sabiamente afinado por el celibato consagrado, es fuente de misión y de vida espiritual. Me interpela cómo la C. 16 nos invita a la libertad desde la castidad: un corazón indiviso que nos libera, nos ejercita y nos hace “grandes como el mundo”.

Pido cada día la gracia de un corazón indiviso: íntegro, todo para Jesús.

P. Mario Léon

Para reflexionar

  1. ¿Cómo el modo concreto en que los oblatos viven hoy el celibato consagrado interpela mi propia vida y se convierte para mí en un testimonio creíble del amor total a Dios y a los hermanos?
  2. ¿Qué resistencias, miedos o “frialdades” reconozco hoy en mi vida que el Señor me invita a purificar para vivir con un corazón verdaderamente indiviso?

Oración por las vocaciones oblatas

Padre Santo,
acudimos a ti porque Jesús nos pidió que oráramos
para que envíes trabajadores a tu mies.
Envíanos, Señor, jóvenes llenos de generosidad, apasionados por Jesús,
dispuestos a hacer de toda su vida una total oblación a ti,
a estar cerca de los más pobres y abandonados, y a proclamar el Evangelio.
Que ardan en la misma llama que encendió a San Eugenio;
que formen parte de su misma familia
y, con todos los Oblatos, continúen la obra de la Redención.
María Inmaculada, que ofreciste, la primera de todas,
a Jesús al mundo, acompáñanos en nuestra oración.
Amen.

Puedes descargar la oración aquí: