“Nacer de nuevo”: así hemos querido llamar al campamento vocacional de este verano de la comunidad de Marino. Nos reunimos en nuestra casa de Vallada Agordina, en pleno corazón de los Dolomitas, donde un grupo de 16 jóvenes y oblatos de distintas partes de la Provincia compartimos días de fraternidad, oración y camino. También nos acompañaron Pietro y Alain, los dos novicios que acaban de pronunciar sus primeros votos, cuya presencia dio aún más fuerza al tema de la vocación.

La figura de Nicodemo nos guió a lo largo de este itinerario. Sus preguntas, sus dudas y su búsqueda de la verdad nos ayudaron a descubrir lo que significa renacer en el Espíritu y confiar en Dios, dejándonos conducir por Él hacia nuestro propio camino. Las caminatas por la montaña nos permitieron respirar la belleza de la creación y, en el silencio y en la convivencia, escuchar la voz discreta de Dios.

Compartimos aquí algunos testimonios de los jóvenes que participaron en esta experiencia: relatos sencillos y profundos que hablan de fe, amistad y del deseo de ponerse en camino para descubrir la propia vocación y llegar a ser fecundos.

“Mi experiencia la puedo resumir en una palabra: Valor. Todos valemos y, muchas veces, no nos damos cuenta a causa de la sociedad en la que vivimos. Pero en estos días entendí que puedo hacer muchas cosas, porque a los ojos de Dios valgo, y es maravilloso sentirse amado por Él.” (Fabio, Livorno Ferraris)

“Renacer es dejar espacio a Dios. Me doy cuenta de que muchas veces no le dejo espacio. El corazón está lleno de ruido, de cosas, de ‘yo’. Y cuando el Espíritu llama, a veces encuentra la puerta cerrada. Pero renacer desde lo alto es precisamente esto: abrir un espacio dentro. Permitir que ya no sea solo mi voluntad, sino que sea su vida la que crezca en mí. Renacer no significa hacer más. Es dejarse recrear, cada día. Incluso cuando no lo merezco. Incluso cuando estoy cansado. Porque Dios no pide perfección, solo pide una rendija… y por ahí entra la Vida.” (Alain, Senegal)

“La experiencia en Vallada ha sido, cuando menos, excepcional: me sentí rodeado de personas cálidas y acogedoras, como si estuviera entre hermanos. Percibí fuertemente la presencia del Señor que me empujaba a superar mis límites, a mirar más allá de mis cansancios físicos y más allá de lo visible, para captar lo que Él quiere regalarnos con todo su amor: un camino de bien trazado para nosotros a través de la comunidad, la caridad fraterna, las comidas compartidas, las bromas, los cantos, las oraciones, pero sobre todo los momentos de encuentro tanto entre nosotros como con el mismo Señor. Gracias al testimonio de los oblatos, a quienes agradezco de corazón, finalmente comprendí que el camino correcto es aquel que nos hace fecundos, y que la fecundidad, a su vez, nos hace felices, dejando de lado las expectativas de los padres y de la sociedad. Recomiendo a todos los jóvenes que aún dudan sobre qué rumbo tomar en su vida que vengan al campamento vocacional en Vallada: pasar algunos días en la montaña, caminar, reflexionar, dejarse guiar por la mano de Dios y dejar que su amor caliente el corazón.” (Filippo, Trieste)

“He de ser sincero. Inicialmente, estaba muy dudoso de ir a esta experiencia, además con la limitación de no hablar italiano. Pero la fraternidad de los oblatos y de los jóvenes que fuimos hizo que me sintiese como en casa en los primeros días. A lo largo de esta semana, he podido disfrutar de la convivencia en la comunidad de Marino, junto con jóvenes y sacerdotes OMI, y con la gente del pueblo de Vallada. La rutina era sencilla, la oración, la eucaristía y la comunidad estaba presente en cada día. Y por eso, Dios estaba muy presente en nuestra rutina. Además, caminar por las montañas fue una experiencia muy bonita que nos ayudó a hablar entre nosotros, conocernos mejor y conocer nuestra experiencia de Fe y nuestras inquietudes. En conclusión, estoy muy agradecido a Dios por poder vivir esta experiencia, y a los oblatos y la comunidad de Marino por hacer realidad esta experiencia.” (Jesús, Madrid)

“Estos días en Vallada vocacional han sido esperanza, decir sí a mi camino, a mi vida hoy, tal como es, no como quisiera que fuera. He sentido que he construido la primera fila de ladrillos de mi casa, y ahora puedo elegir seguir construyendo, seguir adelante, junto a Jesús, poniendo el amor en el centro de mi vida, para los demás, para Dios. Hay miedos: de no lograrlo, de perder, de quedarme solo, pero también hay mucha confianza: si tú le das todo a Dios, Él lo da todo. Venir aquí ha sido precisamente elegir cultivar esta confianza. Un despegue, sin el cual no hay vuelo. Siento a un Dios que está a mi lado, que no me deja solo. Me regala hermanos y hermanas con quienes compartir mi vida, mis pasos. Me da el valor de recomenzar en mi oscuridad. Ha sido una experiencia, con momentos de oración, de encuentro, de vida comunitaria, de relación con los demás, de acompañamiento con los padres oblatos, en la que me he sentido amado, guiado. Vallada no terminó en Vallada, sino que siento que seguirá guiándome, ya ahora, en lo que serán mis decisiones, mis pasos.” (Emanuele, Roma)