María Inmaculada
Constitución 36
En unión con María Inmaculada, sierva fiel del Señor, y bajo la guía del Espíritu, profundizarán en su intimidad con Cristo. Junto a ella contemplarán los misterios del Verbo encarnado, especialmente en la oración del Rosario.
Oración
María Inmaculada, acompaña a los jóvenes llamados a la vocación oblata para que, guiados por el Espíritu, crezcan en la intimidad con Cristo y se entreguen con alegría a su misión.
Reza una decena del rosario por todos los Oblatos de la Congregación.
Testimonio
Queridos hermanos, la constitución 36 nos recuerda que nuestra amistad con Cristo crece cuando nos dejamos guiar por el Espíritu y caminamos en compañía de su Madre, María.
María, la Virgen Inmaculada, es la sierva fiel que nos enseña a acoger la Palabra y a guardarla en el corazón.
Contemplar con Ella los misterios del Verbo encarnado, sobre todo a través del Rosario, me permite confirmar y dar testimonio de lo mucho que ayuda el rezo diario del rosario —y a veces más de uno al día— a entrar en la vida de Jesús con la mirada de su Madre, María.
Es una invitación sencilla pero profunda: no buscar a Cristo por nuestra cuenta, sino dejarnos acompañar por Aquella que mejor que nadie lo ha conocido y amado.
Dejemos que Ella nos tome de la mano, como hizo Bernadette, y nuestra vida se volverá más auténtica y más bella.
P. Nicola Ventriglia
Para reflexionar:
- ¿Está mi vida unida a la de María?
- ¿Consigo dejarme guiar por el Espíritu, en la vida cotidiana, dejándome aconsejar y guiar como lo hizo María?
Oración por las vocaciones oblatas
Padre Santo,
acudimos a ti porque Jesús nos pidió que oráramos
para que envíes trabajadores a tu mies.
Envíanos, Señor, jóvenes llenos de generosidad, apasionados por Jesús,
dispuestos a hacer de toda su vida una total oblación a ti,
a estar cerca de los más pobres y abandonados, y a proclamar el Evangelio.
Que ardan en la misma llama que encendió a San Eugenio;
que formen parte de su misma familia
y, con todos los Oblatos, continúen la obra de la Redención.
María Inmaculada, que ofreciste, la primera de todas,
a Jesús al mundo, acompáñanos en nuestra oración.
Amen.
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