Del 15 al 22 de marzo, el pueblo de Zújar (Granada) ha vivido un auténtico “tiempo de Gracia”. Al conmemorar el centenario de la coronación de la Virgen de la Cabeza, la comunidad se volcó en una misión evangelizadora que, en palabras de su párroco Valeriano Plaza, buscaba recoger el testimonio de los mayores y reavivar el fervor de hace cuatrocientos años. 

En la misión participaron cinco padres Misioneros Oblatos de María Inmaculada: Ismael García, Javier Montero, David López, Mimmo Di Meo y Antonio Buonanno. El fin de semana nos acompañaron un grupo de jóvenes de la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza y San Eugenio de Mazenod de Málaga, que aportaron una vitalidad renovada a las calles de Zújar. También se incorporó Cristian, un joven llegado desde Madrid.

Uno de los pilares de esta semana fue la cercanía. Los misioneros buscaron hablar con la gente de “tú a tú”, permitiendo que el pueblo se sintiera escuchado, algo que los habitantes valoraron como una de las mayores aportaciones de la misión. Así, las visitas al colegio, al instituto, a los enfermos y a la gente en sus hogares, los encuentros en las “casas-asambleas”, las penitenciales, el encuentro con los costaleros o el emotivo Vía Crucis por las calles del pueblo han hecho que la misión haya sido definida como un “regalo de Dios” y una oportunidad vital para “salir de uno mismo” hacia el encuentro con el otro.

Esta dinámica de proximidad no solo afectó a los zujareños; los propios misioneros experimentaron una profunda transformación. Para muchos de ellos, fue una oportunidad de convivencia comunitaria inédita y una confirmación de que la Iglesia es una realidad viva que camina con futuro y esperanza. María Pilar Rodríguez, una de las participantes de Zújar, describió la misión como un “chute de energía” que expande la mente y permite ver la realidad desde un punto de vista diferente, abandonando la comodidad habitual.

El impacto en los vecinos de Zújar ha sido transversal, tocando desde los responsables de la hermandad hasta los fieles que participan en el coro. Hilario Montoya, secretario de la Hermandad, confiesa que la misión le ha “abierto el corazón”, permitiéndole vivir la apertura de todo el pueblo hacia la Virgen de la Cabeza. Desde su perspectiva, el trabajo de la hermandad y la parroquia tiene un fin último que trasciende lo folklórico: acercar a todos los hermanos a la Virgen y, a través de ella, a Cristo.

Para Josefa, integrante del coro parroquial, estos días han supuesto “reponer pilas” espirituales. Se marcha de esta semana con el corazón y la mente llenos de las enseñanzas recibidas, sintiendo una profunda gratitud por la espiritualidad compartida. Del mismo modo, Encarnita define la misión como una experiencia “inolvidable” que le proporcionó un “subidón” vital en un momento en que se encontraba anímicamente baja. El sentimiento generalizado es que la realidad ha superado con creces las expectativas que se tenían durante los meses de preparación.

En este contexto, la figura del Hermano Mayor de la hermandad, José Antonio Martínez, emerge con un mensaje de unidad. Para él, la misión ha sido una “guía hacia la fe”. Subraya que, aunque legalmente debe haber un cargo representativo, en la hermandad de Zújar “todos somos por igual”, funcionando como una unión donde la verdadera “hermana mayor” es la comunidad entera trabajando bajo el manto de la Virgen de la Cabeza.

La iniciativa de esta misión no surgió del azar, sino de un profundo respeto por la tradición y el consejo de los mayores. El párroco de Zújar, Valeriano Miguel Plaza, explica que la idea fue una “herencia recibida”. Existe un testimonio escrito que relata cómo, hace cien años, la coronación canónica original estuvo precedida por una gran misión evangelizadora. Siguiendo el consejo del veterano sacerdote don Salvador Olivares, quien insistía en que un centenario de tal magnitud debía ir acompañado de una nueva evangelización, la parroquia de la Anunciación decidió recuperar ese espíritu. El objetivo era claro: volver a sembrar para recoger los frutos en nombre de la Virgen, honrando el testimonio de quienes les precedieron hace un siglo.

Al concluir esta semana de misiones, el sentimiento predominante es la gratitud y la esperanza. Lola Olivares lo resume con una metáfora evangélica: se ha sembrado una “semilla fabulosa” en una tierra buena que, sin duda, dará frutos. La acogida del pueblo ha sido el primer gran fruto visible; un testimonio de cómo la gente, cuando se siente interpelada desde el amor, responde bendiciendo y acogiendo con alegría.

El párroco confía en que ahora la gracia del Señor actúe por su cuenta en los corazones de los zujareños. La misión de Zújar, cien años después de aquella primera coronación, ha demostrado que la devoción a la Virgen de la Cabeza no es un recuerdo estático del pasado, sino una fuerza motriz que sigue impulsando a la comunidad hacia la fraternidad y el servicio. Como bien expresaron los misioneros al partir, la palabra de Dios se ha multiplicado en ellos a través del testimonio de un pueblo que ama a su Madre de una manera “impresionante y entrañable”. Zújar queda ahora con las pilas cargadas, con el corazón abierto y con la promesa de que esta semilla de fe seguirá creciendo durante el próximo siglo.

P. Antonio Buonanno OMI