La obediencia

Constitución 25

La obediencia nos hace servidores de todos. Con ella impugnamos el espíritu de dominación y queremos ser testigos del mundo nuevo en el que los hombres reconocen su íntima dependencia recíproca. Si aceptamos juntos la voluntad de Dios, se convierte en realidad para nosotros la libertad evangélica (cf. Gal 5, 13). Nuestra vida está dirigida por las exigencias de nuestra misión apostólica y por las llamadas del Espíritu, ya presente en aquellos a quienes somos enviados. Nuestro trabajo nos hace depender de los otros de muchas maneras. Esto requiere un real desprendimiento de nuestra voluntad propia y un profundo sentido de la Iglesia.

Oración

Oremos por los oblatos: que sean hombres profundamente libres, porque están completamente entregados a Dios. Que su vida pueda realmente expresar una contestación al espíritu de dominio del mundo y ser reflejo del Reino en medio de nosotros.

Testimonio

Desde el primer momento en que entré en la fábrica, compartiendo la vida de los obreros, me impactó la manera en que los jefes ordenaban los movimientos de los trabajadores y cómo estos, a veces con rabia, obedecían. El objetivo era solo una mayor producción y el mercado, mientras que nosotros éramos solo instrumentos para alcanzar los objetivos productivos. Era obediencia sin libertad, pero sin libertad no hay obediencia.

Me pregunté si esta cultura de la obediencia no estaba también dentro de mí y en la historia de mis relaciones con los hermanos y con los superiores. Había relaciones problemáticas. Me he convencido cada vez más de que sin libertad la obediencia está fuera del amor, del don de sí mismo; fuera de la búsqueda de acoger la voluntad de Dios. Pero ¿cómo podría vivir con mis compañeros obreros esta visión evangélica de la obediencia? Encontré la respuesta confrontándome con la fraternidad de los Sacerdotes obreros y en la escucha orante de la Palabra: junto con los trabajadores, promover y sostener iniciativas de participación para ayudarnos a superar la obediencia irresponsable; para mí: aceptar mis límites al decir mi “Sí” a aquello que, mediante el discernimiento y el envío, se me pedía acoger y vivir como voluntad de Dios. Porque la obediencia no es una búsqueda autodeterminada para responder a las propias necesidades y aspiraciones personales, sino una libre elección de adhesión a la Palabra de Dios para ser “hombre y discípulo” de Jesús, obediente al Padre, para caminar junto con la Iglesia y con los pobres, hacia el Sí total y final que es la obediencia última al Señor.

Padre Aldo D’Ottavio

 

Para reflexionar:

  • ¿Tu vida expresa una contestación al espíritu del mundo? ¿Cómo?
  • ¿Qué significa para ti vivir en la libertad evangélica y cómo estás respecto al desapego de tu propia voluntad?

Oración por las vocaciones oblatas

Padre Santo,
acudimos a ti porque Jesús nos pidió que oráramos
para que envíes trabajadores a tu mies.
Envíanos, Señor, jóvenes llenos de generosidad, apasionados por Jesús,
dispuestos a hacer de toda su vida una total oblación a ti,
a estar cerca de los más pobres y abandonados, y a proclamar el Evangelio.
Que ardan en la misma llama que encendió a San Eugenio;
que formen parte de su misma familia
y, con todos los Oblatos, continúen la obra de la Redención.
María Inmaculada, que ofreciste, la primera de todas,
a Jesús al mundo, acompáñanos en nuestra oración.
Amen.

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