Anunciamos con dolor, pero con la esperanza de la Resurrección, el fallecimiento de Mons. Alessandro Staccioli, misionero OMI, ocurrido la noche del 4 de noviembre, a los 94 años.

Nacido en Trieste en 1931 y criado en Siena, ingresó en la Congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada en 1951. Ordenado sacerdote en 1956, al año siguiente partió hacia Laos con el primer grupo de oblatos italianos, junto con el beato Mario Borzaga. Partían hacia un país en guerra, sin saber cuándo regresarían.

En Laos aprendió el idioma, participó en la traducción del Evangelio al laosiano y, junto con sus hermanos oblatos, se dedicó también a atender a los enfermos, sin distinción de creencias. En 1968, tras la muerte de Mons. Leonello Berti, aceptó con reticencia el nombramiento como vicario apostólico de Luang Prabang: no se sentía preparado, pero tampoco quería dejar a sus hermanos en dificultades.

En 1975, cuando los misioneros se vieron obligados a abandonar el país, fue el último en marcharse. Antes de partir, entregó a las autoridades las llaves de las escuelas y los dispensarios, con la esperanza de que la labor pudiera continuar. También el patriarca budista quiso despedirse de los misioneros, reconociendo el bien que habían realizado.

Su partida no interrumpió el vínculo con el pueblo laosiano. Tras sus años como obispo auxiliar de Siena y Montalcino, recorrió el mundo para encontrarse con las comunidades de refugiados, ayudar a familias separadas por la guerra a recuperar el contacto y apoyar a otras para que pudieran tener un hogar, llegando incluso a vender la casa de sus propios padres.

Del padre Alessandro recordamos su franqueza, su ironía y su sencillez. Consideraba la caridad un deber de todos. Cuando le preguntaron qué no debía hacer nunca un obispo, respondió: «¡Nunca debe faltar a la caridad!», y añadió que eso valía para todos.

Hoy, unidos en oración con sus familiares y las comunidades laosianas, damos gracias por su vida y lo encomendamos al Señor, recordando las palabras que solía repetir en su oración: «Gracias, Señor, te quiero porque Tú me has amado».

El funeral se celebrará el domingo 8 de noviembre, a las 14:30, en la catedral de Siena.