Vivir de la Eucaristía cada día

Constitución 33

La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida de la Iglesia, es el centro de nuestra vida y de nuestra acción. Viviremos de modo que podamos celebrarla dignamente todos los días. Participando en ella con todo nuestro ser, nos ofrecemos nosotros mismos con Cristo Salvador; nos renovamos en el ministerio de nuestra cooperación con Él, estrechamos los lazos de nuestra comunidad apostólica, y ensanchamos los horizontes de nuestro celo hasta los confines del mundo. Agradecidos por el don de la Eucaristía, visitamos con frecuencia al Señor presente en este sacramento.

Oración

Señor Jesús, fuente y culmen de nuestra vida, te damos gracias por el don inmenso de la Eucaristía. Enséñanos a reconocerte no sólo en el Pan consagrado, sino también en cada persona y en cada acontecimiento. Que nuestra comunión contigo nos lleve a vivir con más amor, más humildad y más entrega a los demás. Amén.

Reza una decena del rosario para que los oblatos celebren la Eucaristía con dignidad todos los días.

Testimonio

«La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida de la Iglesia, es el centro de nuestra vida y de nuestra acción. Viviremos de modo que podamos celebrarla dignamente todos los días». Sospecho que esta invitación de la C. 33 estaba detrás de la espiritualidad eucarística de los grupos de vida. Desde mis primeras convivencias a los 14 años, la misa ha sido el centro de mi día, y creo no haber faltado casi nunca a mi cita cotidiana con la comunión. Siempre estaré agradecido al P. Alfredo Fernández por haberme ayudado a comprender la importancia de este sacramento. Sin embargo, me gustaría compartir dos momentos en los que no poder comulgar me ayudó a profundizar en mi relación con el Señor. En el curso 2004/05, realicé en Venezuela mi año de regencia. Allí experimenté algo que conocía sólo de oídas: muchas personas no sólo no podían tener misa todos los días, ¡ni siquiera todos los domingos! La pobreza llegaba hasta aspectos que yo daba por descontados. Años después, ya ordenado sacerdote, fui de vacaciones con mis padres y el hotel quedaba lejos de la ciudad. No tenía coche y, por tanto, no tenía oportunidad de acudir a la Eucaristía. Entonces tomé una decisión: abajarme, hacerme uno de tantos, experimentar la encarnación en la limitación de mis deseos. Descubrí que, en ocasiones, podía idolatrar a Jesús sacramentado, olvidando encontrarle en todo y en todos los que me rodeaban. El otro momento fue en la JMJ de 2011, en Madrid. Por circunstancias, las formas consagradas no llegaron hasta el lugar donde estaba con mi grupo de jóvenes. Mientras yo protestaba amargamente, otro cura a quien conocía de mis años de seminario, preparaba a los suyos para la comunión espiritual. ¡Lección de vida! Desde entonces intento vivirla como un regalo, mostrando a un Dios que desborda mis expectativas.

Padre Alberto Ruíz González

Para reflexionar:

  • ¿Cómo vivo mi relación con la Eucaristía cuando no puedo participar en la misa o comulgar?
  • ¿De qué manera puedo hacer que mi vida diaria sea una prolongación de la Eucaristía, ofreciéndome junto a Cristo por los demás?

Oración por las vocaciones oblatas

Padre Santo,
acudimos a ti porque Jesús nos pidió que oráramos
para que envíes trabajadores a tu mies.
Envíanos, Señor, jóvenes llenos de generosidad, apasionados por Jesús,
dispuestos a hacer de toda su vida una total oblación a ti,
a estar cerca de los más pobres y abandonados, y a proclamar el Evangelio.
Que ardan en la misma llama que encendió a San Eugenio;
que formen parte de su misma familia
y, con todos los Oblatos, continúen la obra de la Redención.
María Inmaculada, que ofreciste, la primera de todas,
a Jesús al mundo, acompáñanos en nuestra oración.
Amen.

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