Mi testimonio de esperanza se refiere a una actividad que desarrollamos en la parroquia de San Leandro, en Aluche. Esta actividad es un proyecto de Cáritas que consiste básicamente en apoyo escolar y ocio con niños migrantes. Debo decir que aunque sus padres sí son de otros países, la mayoría de ellos han nacido en España, pero probablemente toda su vida se les va a considerar como migrantes y van a arrastrar esta “etiqueta”. Son niños que por su condición se encuentran en una situación de vulnerabilidad social, en riesgo de exclusión.
Para empezar, me gustaría decir que este proyecto, que como ya he dicho es de Cáritas y lo llevamos adelante en la parroquia, es decir, es un proyecto de la Iglesia que lo desarrolla un equipo, no yo sola, obviamente. Varias personas de este equipo incluso, están aquí. Somos actualmente 12 voluntarios. ¿Por qué digo esto? Porque la esperanza en la Iglesia la vivimos y la trasmitimos juntos, en grupo, en equipo. No soy yo, que soy mejor que el resto, y decido hacer esto por mi cuenta, sino que es la Iglesia que comparte su esperanza a través de nuestras manos. Yo lo vivo así.
Leía hace poco que la decisión de basar el Jubileo sobre la esperanza partía de la idea de una sociedad que se encuentra en una situación incierta y confundida acerca de su futuro. Es lo que les pasa a estos niños, que su futuro es incierto y también su presente. En muchos casos toda su vida es confusa.
¿Cuál es nuestra labor más visual? Hacer los deberes. ¿Cuál es nuestra labor como cristianos? ¿Qué es lo que haría Jesús, además de hacer los deberes? Trasmitirles alegría, afecto, cariño, distensión, compañerismo, confianza en las personas, incluso en un futuro mejor ,… tantas cosas que a lo mejor van perdiendo en el camino de su vida. Intentamos proporcionarles herramientas que les puedan ayudar a salir de una situación de pobreza, social, económica, cultural, personal. Y hacerles ver que con su esfuerzo y motivación pueden aspirar a un futuro mejor, y que nosotros les vamos a ayudar en esto, que nos tienen para acompañar ese trabajo, ese deseo, ese esfuerzo.
¿Cómo lo hacemos? Jugando, trabajando, haciendo manualidades, hablando, contándonos nuestras cosas, … Intentamos proporcionar un espacio de confianza y de amor.
Nuestra esperanza es que Jesús nos acompaña siempre. Nosotros, como Iglesia, somos el rostro de Jesús para el mundo. Por eso tratamos de trasmitir a estos niños (y también a sus familias) que vamos a estar ahí para lo que necesiten y que pueden contar con nosotros. Son niños, pero en muchas ocasiones, viven situaciones muy complicadas, tienen vidas muy difíciles.
En conclusión, como testimonio de esperanza diría que tenemos el convencimiento y la seguridad de que Jesús está con nosotros, nos acompaña, nos anima, nos da fuerzas, nos sostiene en las dificultades de la vida, y nosotros tratamos de llevar eso a estos niños. No vamos a solucionar su vida, no está en nuestra mano muchas veces, pero les vamos a ayudar en lo que esté a nuestro alcance y vamos a estar con ellos, y juntos aquello que es difícil puede ser un poco más sencillo. Nuestro objetivo es mostrar el amor de Dios que se manifiesta de modo palpable a través de nosotros cuando nos dejamos llevar y transformar por Él.
