Queridos jóvenes, oblatos y miembros de la familia carismática.

Con alegría hemos caminado juntos por las calles de Roma siguiendo los pasos de san Eugenio de Mazenod. Hemos expresado nuestro gozo de pertenecer a una gran familia en la que gente de todo el mundo ha encontrado su hogar. Así nos estamos preparando para celebrar el Jubileo y encontrar al papa León XIV. Gracias por tantos momentos bellos de encuentros, de canciones, de alegría, de oración, de fraternidad compartida. Gracias por esta Eucaristía en que el Señor nos regala su Palabra y su Cuerpo para poder seguir caminando. Lo que estamos haciendo, caminar juntos con Jesús, siguiendo las huellas de san Eugenio, me parece que es lo que estamos llamados a hacer siempre como familia misionera.

Nuestra peregrinación nos ha conducido a esta Iglesia en la que el Fundador estuvo rezando mientras los cardenales examinaban las CC y RR en el palacio de enfrente. Unos pocos días después nuestra Congregación fue aprobada por el papa León XII. Era el año 1826. Aquí, cada año, la familia carismática que peregrina en Roma, se reúne para orar y para renovarnos en nuestro carisma común. Podemos imaginarnos que el Fundador está todavía por aquí, en esta Iglesia y que podemos preguntarle cómo vivir el carisma hoy con su misma pasión. Os propongo pedirle a san Eugenio que nos ilumine para vivir con él sus cuatro pasiones : la pasión por Cristo, por la Iglesia, por los pobres y por María.  

Pasión por Cristo

San Eugenio fue un apasionado por Cristo porque fue tocado y trasformador por el amor de Dios al contemplar a Cristo crucificado. A lo largo de su vida fue creciendo en ese amor y quiso compartirlo con los más pobres. Eugenio se esforzó en acercarse a ellos y hablar su mismo idioma para que todos pudieran conocer el amor de Jesús. Para ello quiso parecerse lo más posible a Jesucristo para que los pobres pudieran leer en su vida el Evangelio. Quería ser santo como Jesús, es decir, vivir como Jesús para que todos pudieran conocerlo y amarlo. Por eso se dejó trasformar en la oración y celebrando los sacramentos con frecuencia. Caminar hoy con san Eugenio nos reta a dejarnos amar por Él, intentar cada vez más parecernos más a Él, vivir su Evangelio. Un joven, un oblato, un laico que quiera vivir hoy el carisma se tiene que comprometer a amar a Jesús, dejarse amar por Él y cada vez parecerse más a Él para ser santo. ¿Nos atrevemos a caminar con san Eugenio en esta aventura?

Pasión por la Iglesia

Del costado abierto de Jesús en la cruz nació su Iglesia. Eugenio siente que la Iglesia estaba perseguida y abandonada. Muchos habían abandonado la Iglesia y otros llevaban una vida indigna de cristianos. También hoy podemos ver algo parecido. En esta situación la Iglesia nuestra madre que está herida y abandonada, nos está llamando a la acción. San Eugenio respondió entregando su vida en oblación para socorrer a la Iglesia y se hizo sacerdote misionero y creando una comunidad de misioneros para vivir y predicar el Evangelio como los primeros cristianos, como los Apóstoles con Jesús. San Eugenio nos reta hoy y nos invita a caminar como él, en comunidad, una comunidad que viva el Evangelio y que sea misionera, que anuncie a Jesucristo a los más abandonados y que vaya allá a donde la Iglesia nos necesite, allá donde otros no van porque no pueden o porque no quieren.

Dentro de poco encontraremos al papa León. San Eugenio siempre vio en el papa, en todos los papas, al representante de Cristo en la tierra, aquel que le ayudó a conocer la voluntad de Dios. El papa León XII, aprobó la Congregación hace 200 años. En pocos días el papa León XIV nos hablará y seguramente nos retará para vivir el Evangelio hoy. Estemos muy atentos a sus palabras y a lo que el Espíritu siembre en nuestros corazones. Atrevámonos a responder dando nuestra vida por la Iglesia, como lo hizo san Eugenio y viviendo el Evangelio en comunidad. ¿Nos atrevemos?

Pasión por la misión con los pobres

San Eugenio quería ser como Jesús y por eso comenzó a anunciar el Evangelio a los más pobres como lo hizo Jesús. Eugenio se hizo amigo de los pobres, hablaba como ellos, sentía como ellos, estaba con ellos, sufría con ellos. Nuestra familia carismática tiene esta característica de estar siempre muy cerca de los pobres para hacerles algún bien y anunciar juntos el Evangelio. Estamos llamados a anunciar el Evangelio a los pobres y con los pobres. Los pobres en muchas ocasiones nos enseñan a escuchar con un nuevo corazón el Evangelio. Hay que intentarlo todo para estar cerca de los más pobres y llevarles a Jesús y con ellos proclamar que Jesús es la única esperanza para el mundo, que el Evangelio es el camino para que toda la humanidad pueda vivir el Reino de Dios. ¿Qué caminos debemos recorrer para con los pobres anunciar el Evangelio de Jesús, esperanza para el mundo?

Caminar con María y como María

San Eugenio nos enseña a vivir nuestras alegrías y sufrimientos de misioneros con María. En nuestra familia hay un estilo mariano para vivir el Evangelio y ser misioneros. Caminar con san Eugenio hoy significa encarnar ese estilo mariano que acoge a Dios de manera incondicional y se pone a su servicio; que se hace servidora de todos, que recibe y da al mundo a Jesús; que sabe alabar al Señor de manera profética y canta siempre el triunfo de Su misericordia; que se hace fiel seguidora de Jesús aunque en algunos momentos no comprenda todo; que es capaz de estar de pie ante la cruz de Jesús y de los crucificados de nuestros días; que es madre orante y fiel y construye comunidad con los Apóstoles. Ella es la madre de la esperanza porque en su Inmaculada Concepción vemos ya el signo de la victoria definitiva de Dios sobre el mal.

Imaginamos cuánto rezó el Fundador ante la pequeña imagen de María en esta Iglesia hace doscientos años. Quiero ahora rezar a María hoy con vosotros  y por vosotros.

María, tú eres nuestra Madre, ayúdanos a ser amigos de tu Hijo Jesús, a ser como Él, a ser santos. Ayúdanos a llevar la esperanza y la paz a nuestro mundo. Ayúdanos a abrazar como tú la humildad y el servicio para alabar a Dios, ser profetas de su justicia cuidando a los pobres y a todo lo creado. Ayúdanos a ser santos misioneros de los más abandonados, de los más pobres. Ayúdanos a construir comunidades que vivan el Evangelio y a ser hijos fieles de la Iglesia. Que en nuestra familia carismática sepamos ofrecer nuestras vidas en oblación para consolar a la Iglesia y socorrerla en sus necesidades. María, ayúdanos a perseverar en los momentos de cruz y a permanecer al lado de todos los crucificados de nuestro mundo. Ayúdanos a amarte como te amó san Eugenio y a ser dignos hijos tuyos que, abrazando el carisma oblato, peregrinen con esperanza en esta tierra con la esperanza de encontrarnos un día en el cielo.

Madre Inmaculada, ruega por nosotros. San Eugenio de Mazenod, ruega por nosotros, Beatos Oblatos, rogad por nosotros. Alabado sea Jesucristo y  María Inmaculada.   

Iglesia de Santa Maria in Campitelli, Roma – 30 de julio de 2025