fonte: omiworld

No creo equivocarme al afirmar que, si en la época de Eugenio hubieran existido las redes sociales, él habría sido el primero en utilizarlas. Todos conocemos su determinación por recibir noticias continuas y constantes de sus misioneros lejanos, su pesar por no poder estar físicamente cerca de cada uno de ellos, especialmente de aquellos a quienes amaba apasionadamente y con quienes se daba cita ante la Eucaristía para superar cualquier distancia. Al mismo tiempo, sabemos cómo ardía su corazón para que el anuncio de la salvación llegara a todos los rincones de la tierra y a todos los hombres. 

«La caridad abarca todo, y ante nuevas necesidades, inventa nuevos medios, cuando es necesario». 

Y los nuevos medios que hoy tenemos a nuestra disposición son los digitales, que ya no son simples «instrumentos» que utilizar, sino verdaderos territorios que evangelizar.

La Iglesia no tiene dudas: «La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo», escribía el papa Francisco hace ya algunos años. 

El 28 y 29 de julio vivimos el primer Jubileo de los Misioneros Digitales e Influencers católicos, que la Iglesia quiso celebrar para dar una señal clara sobre la legitimidad y la necesidad de la presencia misionera en las redes sociales.

Y, precisamente, de redes habló el Papa León en su discurso sorpresa dirigido a los más de 1000 participantes procedentes de 75 países: «Les hago un llamado a todos ustedes: que vayan a reparar las redes”. Jesús llamó a sus primeros apóstoles mientras reparaban sus redes de pescadores. También lo pide a nosotros, es más, nos pide hoy construir otras redes: redes de relaciones, redes de amor, redes de intercambio gratuito, en las que la amistad sea auténtica y sea profunda. Redes donde se pueda reparar lo que ha sido roto, donde se pueda poner remedio a la soledad, sin importar el número de los seguidores —los follower—, sino experimentando en cada encuentro la grandeza infinita del Amor. Redes que abran espacio al otro, más que a sí mismos, donde ninguna burbuja de filtros” pueda apagar la voz de los más débiles. Redes que liberen, redes que salven. Redes que nos hagan redescubrir la belleza de mirarnos a los ojos. Redes de verdad. De este modo, cada historia de bien compartido será el nudo de una única e inmensa red: la red de redes, la red de Dios.»

La realidad de los Misioneros Digitales ha ido creciendo gradualmente en los últimos años. Durante la preparación del Sínodo, el Dicasterio para la Comunicación puso en marcha un proyecto internacional llamado «La Iglesia te escucha», con el fin de poner en contacto a cientos de personas que, en todo el mundo, se dedican a la evangelización en las redes sociales, y que podrían ayudar a la Iglesia a reflexionar sobre esta misión específica.

El primer fruto evidente fue el Informe de síntesis de la primera sesión del Sínodo, que dedicó el capítulo 17 a cuestiones relacionadas con este tema.

Después del Sínodo, la red se consolidó y las relaciones se fortalecieron, hasta el punto que, al vernos en el Jubileo, fue como reencontrarnos con hermanos queridos, aunque fuera la primera vez que nos veíamos en persona.

En el Jubileo de los Misioneros Digitales e Influencers católicos estuvimos presentes tres miembros de la Familia Oblata: dos laicos italianos de la AMMI y un Oblato de Filipinas. 

¿Por qué este evento nos concierne tan de cerca como Oblatos?

El «Vademécum sobre las redes sociales» de la Congregación afirma que «si nuestra vocación como Oblatos es trabajar con todos los recursos a nuestro alcance para evangelizar a los pobres, entonces no deberíamos considerar ya las redes sociales como algo «ajeno». Ello es un llamamiento no solo para aquellos de entre nosotros que sean jóvenes, los que ya han nacido en esta era de los medios sociales. Tampoco es un llamamiento solo para algunos oblatos apasionados por la comunicación social. Es un llamamiento para todos los oblatos, tanto jóvenes como mayores. Dondequiera que esté la gente, allí́ debemos estar. […] 

No se trata de una presencia cualquiera, sino de una presencia integral que tenga siempre como meta la evangelización».

Esto no significa que todos deban estar necesariamente presentes en las redes sociales, pero quienes lo están deben hacerlo con una mirada y un corazón misioneros, porque «no se trata simplemente de generar contenido, sino de crear un encuentro entre corazones. Esto implicará buscar a los que sufren, a los que necesitan conocer al Señor, para que puedan sanar sus heridas, volver a levantarse y encontrar sentido a sus vidas. Este proceso comienza, antes que nada, con la aceptación de nuestra propia pobreza, dejando de lado toda pretensión y reconociendo nuestra innata necesidad del Evangelio. Y este proceso es un reto de la comunidad» (Papa León XIV).

Reconocer la propia pobreza salvada por el encuentro con Cristo y cooperar por la salvación de los pobres. ¿No es acaso esta la experiencia que está en el corazón de nuestro carisma?

Pero, como cualquier otra misión, no puede improvisarse, es necesario formarse, comprender su cultura, aprender su idioma. Es una misión que necesita alimentarse de relaciones de comunión y promover acciones comunitarias, para no caer en el narcisismo, la auto referencialidad o el egocentrismo. Es una misión que debe partir de la experiencia de Cristo en la propia vida, de una relación vital con Él, del ardiente deseo de compartir este encuentro con los demás. «Estáis aquí porque algo arde por dentro. No os pido que brilléis, sino que ardáis», dijo el P. Antonio Spadaro en su intervención del 28 de julio.

Dejémonos, pues, provocar por la Iglesia también como Oblatos, para que sepamos estar siempre atentos a las nuevas llamadas de la misión, en tierras nunca antes imaginadas, con fidelidad creativa y humilde valentía.

En la foto de portada: Angelica Ciccone, Giovanni Varuni (@laparoladellafesta), Francesca Parisi, don Cosimo Schena.

En las fotos de abajo: 
P. Denz Basada OMI, Mariella Matera (@alumera), Dario Latini (@cattonerd), Tommaso Cardinale (@lacchiesa e Il testa di catto), Pietro Calore (@fantascienza_cattolica), don Giovanni Berti (@giobacomix), don Alberto Ravagnani, Vittorio Scarpelli (@unpapacon4figlie), fra Antonio D’Errico (@itinerantefra), Rosy Russo (@paroleostili), Rocco De Stefano.