¿Qué llevo conmigo?

Un corazón libre para vivir y servir

 

Querida familia oblata:

En 2027, nuestra Congregación vivirá el Año del Voto de Pobreza. Será un tiempo para detenernos, mirar nuestra vida y preguntarnos qué significa vivir con un corazón verdaderamente libre.

Este año no está dirigido solamente a los religiosos. También vosotros, como laicos y miembros de la familia oblata, estáis invitados a vivirlo. La pobreza evangélica no es solo una cuestión de bienes, gastos o propiedades. Es, sobre todo, una actitud interior: no dejar que las cosas, las comodidades, el dinero o nuestros propios intereses se conviertan en dueños de nuestro corazón.

Por eso podemos preguntarnos:

¿Qué ocupa hoy el centro de mi vida?

¿De qué me cuesta desprenderme?

¿Soy libre para compartir, ayudar y poner mis dones al servicio de los demás?

No se trata de vivir sin nada ni de renunciar a todo. Se trata de aprender a recibir la vida como un regalo, a utilizar los bienes con responsabilidad y a compartirlos con generosidad. Lo que tenemos —nuestro tiempo, nuestras capacidades, nuestro dinero, nuestra casa y nuestras oportunidades— no es solo para nosotros. Todo puede ponerse al servicio de la familia, de la comunidad, de la misión y de los más pobres.

Un corazón libre es capaz de recibir y de compartir. Es capaz de ayudar sin buscar reconocimiento, de vivir con sencillez y de descubrir que no necesita tenerlo todo para ser feliz. También es capaz de abrir espacio a Dios y a los demás.

Los pobres no son únicamente aquellos a quienes ayudamos. También son hermanos de quienes podemos aprender la confianza, la paciencia, la solidaridad y la esperanza. Cuando nos acercamos a ellos con humildad, descubrimos que muchas veces no somos nosotros quienes llevamos todo, sino que también recibimos mucho.

Como familia oblata, estamos llamados a vivir una pobreza que nos haga más cercanos a Cristo, más atentos a los pobres y más disponibles para la misión. No somos dueños absolutos de lo que tenemos. Somos administradores de unos bienes que deben generar vida, fraternidad y esperanza.

Quizá este Año de la Pobreza pueda ayudarnos a dejar atrás algo que pesa: el egoísmo, el consumismo, la necesidad de controlar, la comodidad o la indiferencia. Y pueda ayudarnos a llevar con nosotros una mayor sencillez, una confianza más profunda y un deseo renovado de compartir.

La pregunta no es solamente: ¿qué tengo que dejar? También es:

¿Para quién quiero ser más libre?

¿A quién quiero dedicar mejor mi tiempo, mis bienes y mis capacidades?

La verdadera pobreza no consiste en vivir sin nada, sino en vivir sabiendo que todo es un don. Cuando todo es un don, no necesitamos poseerlo todo con el corazón. Podemos utilizar las cosas sin convertirlas en ídolos, amar a las personas sin retenerlas y compartir sin miedo.

Que el Año del Voto de Pobreza sea para toda la familia oblata una oportunidad de renovación. Que nos ayude a vivir con más sencillez, a compartir con más alegría y a estar más disponibles para Dios, para los demás y para los más pobres.

Un corazón libre es un corazón disponible para amar y servir.

Buen camino a todos.

P. Javier Montero Infantes
Superior provincial

En este enlace se pueden leer las Comunicaciones de la Administración Provincial: